Las bicicletas son para los niños

 In Investigación

El Acogimiento Familiar es una medida de protección para los menores que, por diferentes circunstancias, no pueden vivir con su familia de origen. El sistema de protección acoge a los menores en Centros y Residencias en los que la atención y el cuidado están garantizados de manera eficaz y afectiva. No obstante, en algunos de estos niños, la necesidad de una familia alternativa se hace imprescindible. La presencia de una familia acogedora permite al niño vivir la experiencia de unos vínculos adecuados que, en muchas ocasiones, no ha podido vivir.

Esta es una experiencia llevada a cabo en 2014, con escolares de la Comunidad de Madrid pertenecientes a todo el ciclo de la ESO. Para ello nos servimos del material de la película “El niño de la Bicicleta”.

El título elegido para dar cuenta de esta experiencia responde a la importancia que la bicicleta tiene para el protagonista de la película y para los niños en general.

Si para cualquier niño, la bicicleta es el primer símbolo de independencia en el camino de la vida, casi siempre trasmitido por la figura paterna, para Cyril, la bicicleta es el único y preciado objeto de vinculación con su padre.

La bicicleta y él forman un solo cuerpo y la defensa que hace de su bicicleta ante los robos que sufre nos muestran a un niño que no permite más golpes que el que ha recibido del abandono por parte de su padre.

Cyril monta en su bicicleta para realizar cualquier actividad; en ella, elevado unos centímetros del suelo, no sufre tanto como cuando pone los pies en la tierra.

La bicicleta es ese objeto transicional que decía D. W. Winnicott que no es ni el niño ni el Otro sino que está en medio de los dos y crea un espacio que permite al sujeto su propia autonomía, su propio lugar de creatividad e independencia.

Las maneras en las que el pequeño Cyril monta su bicicleta a lo largo de la película dan muestras de sus sentimientos y emociones, de su manera de agarrarse al deseo y al mundo. La película es bella, pero aún más la contemplación del nacimiento de un deseo mutuo en el encuentro de dos personas que se acogen.

A continuación hacemos un análisis de la experiencia, que ha sido enriquecedora para todos.

En primer lugar, para los profesionales porque nos ha permitido comprender y profundizar sobre algunos aspectos del proceso del acogimiento familiar que comentaremos cuando analicemos los debates.

En segundo lugar, para los alumnos porque todos ellos han participado de manera activa durante la proyección de la película y durante el debate posterior.

Del mismo modo, han manifestado en las encuestas su conocimiento y comprensión del acogimiento familiar una vez escuchada la información previa y los comentarios posteriores sobre el mismo.

La información que se dio a los alumnos fue la siguiente:

“Los Derechos del Niño establecen que ningún niño puede vivir la infancia sin la atención y los cuidados necesarios para su crecimiento físico, emocional y afectivo. Por lo tanto, si hay un niño que está en situación de abandono o desamparo, el Estado se hace cargo de él.

La forma de hacerse cargo es acogerle en un Centro o Residencia donde la atención y los cuidados son los mejores porque está atendido por los mejores profesionales. Pero, para un desarrollo armónico e integral, la convivencia y los vínculos que se establecen en una familia son los más adecuados para lograr dicho desarrollo. Es por eso que las personas que se dedican a trabajar en la Protección a la Infancia piensan que, si un niño quiere, puede vivir con una familia que se ofrece para acogerle. Son las llamadas familias de acogida, que pueden o no tener hijos propios.

Eso es, sencillamente, el acogimiento familiar: por un lado, un niño que no pudiendo vivir con sus padres por diferentes motivos decide vivir con una familia que le cuida y le atiende hasta alcanzar la mayoría de edad; por otro lado, una familia que se ofrece porque desea acoger en su vida a un niño.

Este proceso pasa por las mismas alegrías y dificultades por las que pasa cualquier relación entre los padres y los hijos.
La única diferencia es que, en el caso de un niño acogido, hay una historia que merece la pena entender y respetar para aprender de ella y no tanto para juzgarla”.

Destacamos a continuación, dos de los aspectos más relevantes de este trabajo de investigación.

El final de la película

Cuando vamos al cine no nos gusta que nos cuenten la película y, mucho menos, el final. Ha resultado sorprendente que el final de la película, es decir, la decisión que Cyril toma de no contestar con la violencia, no es entendida ni aceptada por la mayoría de los alumnos. Los comentarios que se reflejan son los de responder con la misma violencia y nos remiten a la influencia del cine americano y de los videojuegos en los que todo se resuelve a golpes.

Es más que probable que no sea lo que realmente piensan o sienten los alumnos, sino lo que está en el imaginario social del modo de relación y de solución de los problemas y del que nos dejamos llevar hasta que nos damos el tiempo necesario para comprender al otro y reflexionar sobre otras posibles soluciones.

Precisamente es el final de la película el que nos hace entender la trayectoria de Cyril, los momentos conflictivos por los que ha pasado y la decisión que ha tomado de no pelearse más y dejarse acoger y aceptar el hecho evidente de haber sido abandonado repetidamente por su padre.

Diferencia entre mal comportamiento y malestar o sufrimiento

A mi modo de ver, esta es la diferencia fundamental sobre la que hay que trabajar para llegar a una verdadera aceptación e integración de un niño que ha sufrido maltrato, sea del tipo que sea. Seguimos la definición de Kempe, en el libro “El niño maltratado”, para incluir en el maltrato: el abandono, el maltrato físico, el abuso sexual y el maltrato psíquico.

En este sentido, si hablamos de comportamiento, o más concretamente de mal comportamiento, nuestra implicación es menor y podemos tender a considerar nuestro comportamiento como bueno; mientras que si hablamos del malestar y el sufrimiento que el niño padece por la situación de abandono y maltrato, nos podemos implicar de modo más emocional y afectivo y acompañar mejor al niño en su proceso, no para considerarle una víctima ni que él se considere víctima, sino para hacerle responsable de su decisión de salir de su malestar, con nuestra comprensión y nuestro acompañamiento.

La identificación de su malestar no puede darse si no reconocemos en nosotros momentos de malestar que nos puedan ayudar a entender lo que a él le pasa en esa situación

Identificar y no identificarnos totalmente, pues no se trata de sufrir lo mismo que él, pero sí de saber qué es el sufrimiento de un niño, de un chico abandonado y maltratado.

Conclusiones finales

Este trabajo de investigación del acogimiento familiar ha sido un modo de acercar y sensibilizar a la población escolar sobre la vida de aquellos niños y adolescentes que se encuentran afectados por las dificultades o la imposibilidad de ser cuidados por su familia.

El abandono y el maltrato, en muchos casos, conllevan un comportamiento conflictivo que resulta ser el elemento más visible y llamativo.

Entre los alumnos, este comportamiento y los prejuicios o etiquetas diagnósticas, que socialmente se imponen, no permiten observar la verdadera dimensión de malestar y sufrimiento que acapara la vida emocional y afectiva de los niños que viven en centros, residencia o en acogimiento familiar.

Una buena información y un trabajo de reflexión, de manera coordinada, tienen efectos beneficiosos y despiertan y generan interés.

Sabemos, por la experiencia clínica, que uno de los principales escollos con los que tropieza el niño que viven en acogimiento familiar, es el encuentro con el aprendizaje, con las normas de la escuela y con la exigencia de los propios acogedores.

Teniendo esto en cuenta, parece obvio que un trabajo de información y reflexión en los centros escolares sería necesario para una mejora en el aprendizaje y una mayor interrelación y convivencia entre los niños y adolescentes.

Las observaciones y conclusiones de este trabajo permiten arrojar luz sobre otros aspectos o facetas del acogimiento familiar.

El trabajo de coordinación entre los diferentes equipos y profesionales, contando con la implicación de las familias, es el modo de dar contención y acogida a aquellos que adolecen de ellas.

José Antonio Reguilón Martín
Psicólogo Clínico.
Responsable del Servicio de prestación de tratamientos psicoterapéuticos para menores acogidos con familia ajena. DGFM.

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